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viernes, 14 de noviembre de 2014

Lo que el agua trajo

La lluvia, en mi tierra, es todo un acontecimiento. Concede otro rostro al paisaje conocido, abriga el cielo con algodón, y añade reflejos al pavimento. La gente no permanece, ni mucho menos, indiferente a tal cambio. Hay una histeria colectiva por esquivar los charcos y reducir al mínimo tiempo posible la exposición a las gotas de agua, no vaya a ser que se lavaen más de tres veces al año.

En las grandes ciudades, además, se produce un fenómeno bastante desagradable. Las alcantarillas se inundan y las ratas tratan de salir a la superficie para evitar el ahogamiento. Así es como el transporte público se infecta con gentuza del más rebajado jaez. En esas ocasiones es cuando descubres que el Estado no se digna a limpiar detrás de la nevera durante años, y al retirarla se descubre toda la mierda gestada en tan oscuro rincón.

¡Apártense!

jueves, 26 de junio de 2014

El planeta de los nimios

Cuando alguien cita la expresión "caldo de cultivo", ineludiblemente viene a mi cabeza la imagen del metro. Qué duda cabe de que si hay un lugar propicio para el crecimiento y reproducción de bacterias es esta red de túneles subterráneos ocultos a la mirada del Arquitecto.

Las historias de cocodrilos y anacondas en las cloacas de Nueva York empequeñecen al lado de las abominaciones que recorren a diario las líneas del ferrocarril metropolitano. Bestias nocivas y terribles que impregnan el aire de las profundidades con su hediondez radioactiva. ¿Cuándo se va a vetar el acceso al transporte público a aquellos que desconocen el concepto de higiene personal?

Una familia de pendejos de preparados para bajar al metro.

sábado, 12 de mayo de 2012

Coprofagia y malas pulgas

20:43 horas. Después de un fatigoso día, el Reverendo Weinor se dispone a retornar a su guarida. Fatídicamente, vuestro hermano ha de recurrir a ese demoníaco medio de transporte que es el autobús. Y digo fatídicamente porque en cada viaje tengo la oportunidad de contemplar un espectáculo bochornoso.

En esta ocasión, el autobús estaba ocupado solamente por el conductor, una silente joven, la protagonista del esperpento y vuestro Reverendo Weinor. La protagonista de la lamentable secuencia tendría unos 40 años (las drogas le alargaban la edad aparente), y cuando subió al vehículo, en la siguiente parada éste se detuvo. La sentencia del conductor, “vamos a hacer una pausa”, vino acompañada de un bufido y unas amenazantes palabras de “¿Que qué? ¿De cuánto tiempo?”. “Diez minutos”, respondió el chófer abandonando el autobús. “Jjjoderrr. ¿Diez minutos? Esto es la polla, vaya puta mierda”.


Es Mi Tortura, oh hermanos.

domingo, 30 de enero de 2011

Pánico en el metro

Hermanos, si existe un pasajero que frecuente el transporte público ése es la barbarie. Cierto individuo al que tengo la desgracia de conocer (lo recordaréis por el incidente del autobús) me relató entre grandes carcajadas la iniquidad que había pergeñado apenas unas horas antes. El muy tunante se jactaba de una terrible tragedia que tuvo lugar en una estación del metro. Intentaré resumir el drama.

jueves, 22 de abril de 2010

El autobús de la psiqué

Extrañas son las cosas que le suceden a vuestro hermano Weinor. Ayer fue un día de contrastes. Cómo no, en el autobús, que es el vehículo de la plebe, observé varios hechos dignos de mención. El primero, que al señor conductor se le ha ido la pinza y me ha devuelto más dinero del que le he entregado para pagar el billete. Ver como me largaba las monedas de 1 y 2 euros ha sido un gratificante espectáculo. Lo mejor ha sido una inusual sensación de gozo conforme me retiraba con un dinerillo de más.

viernes, 8 de enero de 2010

Crónicas de mortales entre los escombros

Hermanos, hoy comenzaré transcribiendo un apasionante relato de las andanzas por ese gran gusano nauseabundo que es el metro. El autor no es otro que el ya antes denominado como Miku.

jueves, 17 de diciembre de 2009

Escena III: El autobús

Advertencia: lo que vais a leer a continuación, hermanos, está desgraciadamente basado en hechos reales. Agradezco a Miku su colaboración para poder contar a todo el mundo esta maravillosa historia. Con el fin de mantener oculta la identidad del desgraciado protagonista de este suceso, procederé a referirme a él como K., siguiendo las técnicas kafkianas de El castillo (realmente esta historia parece extraída de esa novela).

domingo, 22 de noviembre de 2009

Divagaciones en el metro

''Hoy en el metro se me ha acercado un hombre y ha iniciado una conversación. Hablaba de cosas triviales, un tipo sólo hablando del tiempo y esas cosas. He intentado ser educado y amable con él, pero ha empezado a dolerme la cabeza con tanta banalidad. Casi no me he dado cuenta, pero de repente he vomitado encima de él. No le ha hecho gracia, pero yo no podía dejar de reír.''