Hermanos, esta inquietante frase del estafador Platón me ha llevado a realizar una breve reflexión sobre la senectud. Seguramente a Séneca no le hacía gracia que le llamaren viejales desde que nació, pero esas cosas pasan cuando uno no se elige su propio nombre. Entre eso y la cara de estreñido que se gastaba, no me extraña que fuera de cínico por la vida. Consejo para navegantes: rebautizaos a vosotros mismos; consejo para caminantes: fuera de mi camino, que llevo prisa.
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jueves, 6 de mayo de 2010
miércoles, 12 de agosto de 2009
Escena II: El bar
Nos encontramos en un local abandonado y ruinoso: un tugurio. Éste es propiedad del barero local de la ciudad, Brío. La pocilga en cuestión cuenta con una mugrienta barra, repleta de vómitos disecados de agradecidos clientes; un karaoke, que por problemas técnicos (está apagado) no funciona, y los usuarios tienen que berrear a gritos; además, cerca de la barra hay una mesa en la que unos parroquianos juegan al dominó. Un poco más allá hay unos cagaderos, pero el hedor que de éstos se desprende es suficiente para mantener a los clientes alejados.
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