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sábado, 29 de agosto de 2015

Buenas maneras VII: "No pretenderá que lo ate"

Hace miles y miles de años, los Anunnaki dieron con el planeta Tierra. Para satisfacer sus perversos intereses, instauraron la especie humana mediante la modificación genética en los primates. Desde entonces hasta ahora, hay un punto del comportamiento en el que parece no haber hecho mella la evolución.

Los niños, esos delincuentes que gozan de la mayor de las impunidades, siguen berreando como animales sin que nadie les ponga freno. Doquiera que vayas, doquiera que estés, siempre escucharás los hirientes chillidos de un niño malcriado. Sus padres, los responsables de haber traído al mundo semejante plaga, poseen la insólita habilidad de hacer oídos sordos al torrente de caos y destrucción que de sus bocas emana.

Escena desafortunadamente habitual.

viernes, 14 de febrero de 2014

Buenas maneras VI: "La excepción que confirma la regla"

Algo habré hecho mal, porque por algún castigo divino comparto el idioma con la chusma que infesta la ciudad con sus parloteos sin seso. Tengo que tragarme conversaciones del más zafio nivel. La utilización de expresiones como la que voy a examinar hoy en dichos diálogos me ha conducido a proporcionaros una de esas maravillosas lecciones de modales que tanto os hacen falta, hienas analfabetas.

"Es la excepción que confirma la regla", asegura un patán que quiere salir al paso después de quedar en evidencia. Pero no, NO, ¡¡¡NOOO!!! Hijo de puta, que desfiguras la lengua y vilipendias a la lógica sólo por no reconocer tu ignorancia sin mesura. ¿Cómo demonios va a confirmar la regla una excepción, esto es, algo que se sale de la regla? Es como ir a visitar a tu abuela, defecar en el fregadero, restregar el pastel por las paredes y pretender que la vieja te dé una palmadita en la espalda.

Cállese.

jueves, 24 de octubre de 2013

Buenas maneras V: Los andares

Queridos hermanos, hoy retomaremos nuestras lecciones de buenas maneras para domar a esas fierecillas que ensucian nuestras calles y nos provocan vergüenza ajena con su incivilizado comportamiento. Recurramos a unos celebérrimos y maravillosos versos de Antonio Machado para introducir la cuestión:


Murió el poeta lejos del hogar. 
Le cubre el polvo de un país vecino. 
Al alejarse le vieron llorar. 
"Caminante no hay camino, 
se hace camino al andar..."

martes, 24 de julio de 2012

Buenas maneras IV: Aires de grandeza

Hermanos, habréis advertido mi inactividad en esta preciada gruta del saber, pero sabed que me hallo sumido en una espiral de violencia, drogas y telenovelas sudamericanas (no sé qué es peor, mamasita). Pero, de la misma forma que hay quien dice que la muerte de JFK fue un suicidio, yo sostengo un avión de papel en la mano a la espera de que sea impelido por el viento.

Desconcertante sonrisa maligna en una escena típica del ascensor.


Una vez aclarado este punto y coma, podemos pasar a tratar ya lo que realmente nos atormenta: las flatulencias. La guía de los buenos modales (ya disponible en tu quiosco) nos indica que rilarnos en presencia de otro ser humano es una descortesía. No pretendo desviarme de tan insigne tratado, sino simple y llanamente exponer ciertos puntos a tener en consideración.

martes, 27 de marzo de 2012

Buenas maneras III: Pedir la hora

Ir por el mundo desconociendo el momento del día en el que se vive es una de las mayores faltas en que puede incurrir un ser humano civilizado. Desgraciadamente, a diario nos topamos con gentuza de este calibre al doblar cualquier esquina. Uno podría pensar que estos despistados individuos conforman una suerte de mafia obsesionada con poner a prueba a los viandantes de alma pura.



Ahora bien, dado mi antimilitarismo no voy a generalizar, oh hermanos, y me permitiré distinguir entre los tipos más comunes de individuos que piden la hora:

lunes, 18 de julio de 2011

Buenas maneras II: "He dicho"

Pocas expresiones concentran tanta pretenciosidad como el "he dicho". Este par de palabras suelen situarse al término de la intervención de un pedante, y nosotros, de verbo conciso y sincero, nos preguntamos cuál es su verdadera utilidad:
a) Fórmula para que los compañeros de conversación despierten del letargo.
b) Fórmula para recalcar la propia autoría de la disertación del señor plasta, no vaya a ser que creamos que acaba de recitar un discurso de algún filósofo olvidado y pretenda atribuírsela.
c) Fórmula para que el parlante pueda declarar al mundo lo insufrible y ridículo que es.

Ciertamente, hermanos, podemos deducir que la verdad reside en la mezcla de las tres posibles respuestas.


domingo, 17 de julio de 2011

Buenas maneras I: "¿Perdona?"

Hermanos, doy génesis a una nueva sección para educar (domesticar) a los malos pencos y las malas pécoras que turban a las gentes de bien y paz con sus zafiedades imperdonables.

Hoy nos centraremos en uno de los tumores más malignos de las conversaciones, en concreto, la interjección "¿perdona?", previa a una intervención. Hay personas que son incapaces de participar en una conversación si no introducen con calzador la muletilla de marras antes. Y, pese a mi estoicismo, no puedo remediar que se me escape un gutural "argh" cada vez que algún descerebrado pronuncia la palabreja mágica.

Precursoras de la maldad.