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sábado, 13 de junio de 2015

Un día cualquiera

Pocos lugares hay en el planeta Tierra en los que me sienta más a gusto que en las librerías. El tiempo se detiene mientras repaso parsimoniosamente pasillos con cientos de volúmenes llenos de sabiduría o esparcimiento a la espera de que alguien los tome en sus manos. El olor a papel, familiar y extrañamente embriagador, lo envuelve todo y me coloca en éxtasis.

Y en ese preciso momento en el que mis pies ya no tocan el suelo es cuando la voz de una palurda me devuelve al suelo con gran dolor: "Mira, Umberto Eco... eco, eco... eco...". En mi interior se produce un horror vacui de furia que me llega hasta las puntas del cabello. "Jajaja, sí, sí, eco, eco", responde otra criatura cuyo cráneo alberga una masa fofa y negruzca. No transcurre ni medio segundo y mi mangual ya se ha estampado en el rostro de la primera bastarda, salpicando a la otra de sangre y porquerías varias.

jueves, 2 de abril de 2015

Mrs Potato

Hubo un tiempo en el que los empleados de las tabernas eran las personas mejor informadas de todo cuanto sucedía en los alrededores. Todos los rumores pasaban por estos establecimientos, y algunas de las escenas más insólitas tenían lugar en ellos.

Muchos años han pasado desde entonces, pero el degradante comportamiento de los humanos no ha progresado al compás de los tiempos. No es de extrañar, pues, que uno de mis vasallos llamado Ruperta me haga llegar el sorprendente testimonio que describiré a continuación.

Así está la juventud de hoy.

martes, 24 de febrero de 2015

Pikolineando la ciudad

Hay una frase hecha que dice: "contento como un niño con zapatos nuevos". Yo, personalmente, no soy tan estúpido como para ir sonriendo por la calle sólo por estrenar un calzado. Y máxime cuando los zapatos sin usar están rígidos y la adaptación de los pies requiere su tiempo.

Sin embargo, nada como unos Pikolinos para dejar clara tu condición de Señor del Universo. Y así me teníais hace unos días, 'pikolineando' la ciudad a paso fuerte. Ciertamente no lo hacía para llamar la atención como las zorras desesperadas que llevan tacones, sino para dejar huella. ¡Así aprenderán!, pensaba.

sábado, 3 de enero de 2015

El aparcamiento del amor

Si el pelo fuera importante, estaría dentro de la cabeza y no fuera. Eso dijo Eduardo Galeano, pero mira por dónde es calvo. El cabello es y ha sido siempre un elemento muy importante para el ser humano. Calvo quien lo niegue.

Símbolo de virilidad, fertilidad y buena salud en general, son muchos los relatos mitológicos en los que es protagonista. El de Sansón es insoslayable. También en multitud civilizaciones la longitud del pelo estaba relacionada con la posición social y el honor. Para los vikingos o los espartanos era una deshonra afeitarse las barbas. Los esclavos de todas las sociedades, por su parte, siempre han llevado el cabello corto. Algo parecido sucedía con las prostitutas, aficionadas a las pelucas.


viernes, 14 de noviembre de 2014

Lo que el agua trajo

La lluvia, en mi tierra, es todo un acontecimiento. Concede otro rostro al paisaje conocido, abriga el cielo con algodón, y añade reflejos al pavimento. La gente no permanece, ni mucho menos, indiferente a tal cambio. Hay una histeria colectiva por esquivar los charcos y reducir al mínimo tiempo posible la exposición a las gotas de agua, no vaya a ser que se lavaen más de tres veces al año.

En las grandes ciudades, además, se produce un fenómeno bastante desagradable. Las alcantarillas se inundan y las ratas tratan de salir a la superficie para evitar el ahogamiento. Así es como el transporte público se infecta con gentuza del más rebajado jaez. En esas ocasiones es cuando descubres que el Estado no se digna a limpiar detrás de la nevera durante años, y al retirarla se descubre toda la mierda gestada en tan oscuro rincón.

¡Apártense!

domingo, 26 de octubre de 2014

Paraíso, purgatorio, infierno y urgencias

El mundo está enfermo e ir al hospital sólo le hará empeorar. No hay nada como pasar una madrugada en Urgencias para determinar el estado de nuestra civilización. Cuando ves que son necesarias dos horas para que alguien sea atendido, empiezas a sospechar de que algo no marcha bien. Si así es el trato que reciben las urgencias, cómo será el del resto de casos. Las viejas, eso sí, tienen carta blanca para ser tratadas primero así sea la causa de sus males un simple cuesco que las ha despertado de su letargo de momificación.

Cuando descubres a una mujer que entra al servicio y sale apenas un minuto después como si tal cosa, barruntas que algo están tramando. Pronto se despeja la incógnita, pues un caballero entra al mismo cuarto de baño y acto seguido sale echando maldiciones porque alguien ha vomitado en el lavabo. Inevitablemente, al enterarme me entró hambre.

sábado, 30 de agosto de 2014

La abuela bioterrorista

Me gusta ver a los profesionales en su elemento. La soltura con la que se desenvuelven en sus puestos de trabajo, adquiridas tras años de trabajo, es una experiencia cercana a la contemplación del arte. Aprendes, además, los entresijos de las diversas profesiones y las dificultades que atraviesan en silencio.

Con este fin, y quizá también para birlar algún estupefaciente (sólo con fines científicos, por supuesto), encaminé mis pasos hacia una farmacia hace unos días. Detrás de su apariencia aséptica, las boticas concentran un imponente aura de chamanismo. Te adentras envuelto por el halo de una cruz de neón verde y encuentras, separados por escasos metros, los remedios a numerosos males.

Caballero con hemorroides solicitando una pomada.

viernes, 15 de agosto de 2014

La mirada externa

El ser humano tiene la costumbre de prejuzgar al prójimo. Bastan un par de miradas y tener el oído atento para formarse una impresión de una persona. En muchos casos su evaluación inicial será injusta o poco acertada, pero sin duda esta primitiva actitud era una herramienta útil cuando la vida de nuestros antepasados homínidos corría peligro.

A día de hoy, y pese a los tiempos que corren, esta faceta nuestra más rudimentaria permanece activa. Mucha gente llega a un lugar y le bastan unos días para juzgar a sus gentes. El otro día me dio por ponerme en el pellejo de los turistas que vienen a nuestro país y traté de imaginarme cómo sería ese diagnóstico que podría extraer acerca de nosotros sus habitantes.

Caballero compartiendo sus observaciones.

miércoles, 30 de julio de 2014

Adentrándome en IKEA

La peregrinación ha sido un fenómeno en nuestra historia desde hace miles de años. Los famosos oráculos, los lugares declarados santos, los remotos templos que albergan reliquias... Todas las religiones han contado con estos centros de peregrinaje, y el consumismo no podía ser menos. No hace mucho inauguraron un centro de IKEA en mi tierra, un acontecimiento tratado con la misma importancia que una nueva visita de Jesucristo a la Tierra.

Fiel a mi interés en la antropología (el estudio de los antros), inicié una expedición a esta nueva Meca que en su primer mes ha atraído a más de medio millón de seres humanos. Me subí al autobús patrocinado ("¡el bus que te lleva a IKEA!"), que salió de la ciudad para adentrarse en un entramado de polígonos industriales y comerciales. Y en el horizonte, en medio de la nada se alzaba una mole patriótica de proporciones bíblicas cuya fachada recogía los colores de la bandera sueca.

¡Ahí está!

martes, 8 de julio de 2014

Ratas equilibristas con nocturnidad y alevosía

Cuando el día muere, sus hordas toman la ciudad. La noche alberga roedores, y ay de aquel que transite la vía pública sin una armadura con la conveniente inspección técnica. Días atrás, en torno las 22:30 horas, mi regia persona se encaminaba hacia mi gruta tras una larga jornada en el campo de batalla.

Con mi cabeza flotando sin rumbo determinado y aupada por mis pensamientos, no reparé en el grave peligro que me acechaba. En el momento fatal que bien pudo haber supuesto el fin de mis días, recorría una calle emplazada junto a un espacio polideportivo que en su parte colindante a la calle comprende pequeñas pistas de tenis. La vía está separada de esta zona por una hilera de cipreses y sobre todo por una valla metálica verde coronada por una alambrada.

Te declaro la guerra, ¡oh infame criatura!

martes, 20 de mayo de 2014

Una boñiga premonitoria

Asentado en mi trono de porcelana, agonizo mientras expulso hasta el alma vía rectal. Mis tripas emiten quejidos pavorosos, eructo como un sapo alcoholizado y una hoguera de creciente fuerza me abrasa el interior de mi torso. Hoy he comido en un restaurante chino, y la naturaleza no perdona.

No me detendré en exponer los motivos que me condujeron a cometer tal barbarie sin firmar un seguro de vida, sino más bien de la experiencia en sí misma. Mientras abono el foso de Chand Baori con el fruto de mi vientre, os relato la vivencia.

De esta guisa se presenta la comida china.

viernes, 21 de marzo de 2014

Una velada con Huesitos

Estoy sentado bajo la mortecina luz de un farol amarillo. Ante mí tengo una hamburguesa a medio comer. La recojo con mis manos trémulas y me la llevo a la boca rezando mentalmente para que no... "¿TODO BIEN? ¿TODO BIEN? ¿LE TRAIGO OTRA BEBIDA?". Cáspita. Es la séptima vez que me han interrumpido la cena los espíritus del lugar.

Uno trata de no atragantarse mientras estas azuladas almas en pena circulan a gran velocidad de un lado a otro. Cruje la madera bajo sus pies y crujen también los huesos de mi cráneo, empotrado contra la puta lámpara que me está cegando. No sé si son los amperios, los voltios o los watios pero se me está instalando una azotea un intenso dolor de cabeza a modo de 'okupa'.

jueves, 13 de marzo de 2014

Sicarios insospechados

"El mundo no es un espectáculo, es un campo de batalla". Estas palabras fueron dichas por un político italiano del siglo XIX llamado Giuseppe Mazzini, y vaya si tenía razón. La masa humana se abre paso a golpes como el furioso oleaje del inodoro originado por la caída de deposiciones fecales. Ya no hay amor por el prójimo ni respeto por el semejante. 

El otro día aguardaba impertérrito la aparición del tren metropolitano subterráneo. Mi limusina estaba en el taller, y mi chófer, expuesto en el zoológico. Mi mente vagaba libremente y con agilidad al tiempo que mi escultural cuerpo permanecía plantado cual estatua. Y hete aquí que un invidente se me acerca blandiendo su bastón y me golpea en la pierna con él. Cualquier individuo de intelecto averiado le habría reprendido con un "¡Mira por dónde vas!". Mas no yo, un caballero de los pies a la cabeza con un extremado tacto.

viernes, 7 de marzo de 2014

El ser humano es extraordinario

No sé por qué razón la musa ha llevado a mi sesera aquella frase extraída de un anuncio de Aquarius que rezaba lo siguiente: "El ser humano es extraordinario". Y creo recordar que el hombre que profería esto lo hacía con una total convicción en la bondad humana. No sólo eso, sino que acto seguido recibía un aplauso de los presentes.

Ciertamente, un furtivo vistazo a un espejo me convence del asombroso potencial de la especie humana. Los que tengáis manos, oh hermanos, echadles un vistazo. Que trabajo tan meticuloso, ya quisieran los chinos fabricar unas tan buenas.

viernes, 17 de enero de 2014

El problema son los de arriba

En el campo tienen gallos para despertarse por las mañanas; en la ciudad, tenemos vecinos. Después de una larga noche patrullando las calles y luciendo mi capa, esperaba poder dormir un poco. Un deseo tan simple de conceder se frustra en el momento en el que la medicación deja de estar incluida en la seguridad social. La gente es tan rácana que prefiere acuchillar a las abuelas por no pagarse sus pastillas para los trastornos mentales, pero también es tan avariciosa de acumular fármacos aunque no los vaya a consumir si éstos le resultan gratuitos.

Bueno, pues esta mañana, bien temprano, estaba echado sobre mi tálamo cual monarca tras la victoria en el campo de batalla. Poco después de caer en los brazos de Morfeo (maldito violador), un estruendo procedente del techo de mi cámara me hizo dar tal salto que casi me caí de la cama. Una bruja se puso a gritar cual perro al que pisas el rabo por accidente. De su pozo séptico no emergían palabras inteligibles, sino chillidos histéricos tipo "¡¡AAAAAAAH!!" "¡¡WOOOOOOO!!". Llevéme las manos a la testa y contestéle con firmeza "¡CÁLLESE!", mas fue en vano.

sábado, 30 de noviembre de 2013

El Vecino Taladro

En casi todos los edificios de viviendas hay algún artista del bricolaje o maníaco de las herramientas que deleita a sus conciudadanos con los ruidos más perturbadores que ha podido concebir el Diablo. Estas personas tienen además el detalle de escoger las horas más inoportunas para sus faenas.

He de denunciar al hijo de mil hienas del Vecino Taladro por su inaudito 'modus operandi'. El muy desgraciado tiene predilección por un martillo y por un taladro, que utiliza la mayoría de los días de forma furtiva. No es que haya tenido una mañana llena de actividad, sino que a diario se limita a hacer un agujerillo y dar tres martillazos a las 9 y a las 16 horas. ¿Qué obra pretende realizar este ser maligno? Lo desconozco, y al ritmo que va tardará años.

Parece un arma, y lo es.

sábado, 16 de noviembre de 2013

Luces y sombras

Parece que El Corte Inglés ha tenido algunos apuros financieros últimamente. Se podría señalar a lo desorbitado de sus precios como la principal causa de la mala salud de sus negocios. Y éste sería un diagnóstico muy certero y muy evidente. En la actualidad hay más empleados atendiendo que clientes merodeando. ¡Pardiez, así están las cosas!

Ayer estaba en uno de esos centros sin ventanas, en concreto en la zona donde los caballeros se visten con sus mejores galas. Debido a los misterios del organismo, iba ventilando las estancias de tal manera que incluso me desplazaba a propulsión sin necesidad de mover las piernas. Yo iba en busca de una capa que reflejase mi regio abolengo cuando uno de estos gentilhombres de El Corte Inglés me salió al paso. 

Mis súbditos se me echan a los pies.

lunes, 28 de octubre de 2013

Acechado por Satanás

Hermanos metanos, hacía mucho tiempo que no acontecía una de mis aventuras en el supermercado. Desde el último percance he tenido unas expediciones tranquilas en estos lugares que venden comida tanto de humanos como de animales. Pero la dicha no podía durar eternamente.

No es el primer chiflado con que me topo en este lugar, y mientras se permita la entrada a todo ser con apariencia humana proseguirán los encuentros en la tercera fase. Mientras estaba analizando con ojo experto los panes para discernir si estaban disecados o simplemente eran de plástico, mi nuca experimentó esa incómoda sensación de que alguien me estaba observando.

Arroz con lecheeeee...

martes, 17 de septiembre de 2013

Emboscada a plena luz del día

Recientemente padecí en mis carnes una agresión indigna de un ser humano noble. Recorría la vía pública con paso firme y decidido tras recoger mi lustrosa capa del tinte, y me la puse sobre los hombros para lucir mi abolengo por la ciudad. En aquel momento pensé que nada podría nublar mi ánimo ni perturbar mi regreso al hogar. Mas, ¡súbitamente!, me vi asaltado por una banda organizada de dos rufianes despiadados que aparecieron de la nada. La calle estaba notoriamente poblada, pero ellos fijaron su objetivo en mi regia persona. Esgrimiendo bolígrafos y protegiéndose con carpetas, los bribones me arrinconaron contra la pared (¡a mí, oh Démeter!) y me invitaron a hacer una colaboración mensual de carácter pecuniario. Craso error.

Sus miserables rostros de pena no casaban con sus atolondrados discursos, más propios de una llamada intempestiva de compañía telefónica: "¿conoces la fundación tal? Es una fundación que se dedica a la investigación de tal. Por una módica cantidad podrías contribuir a...". No pude reprimir mi exasperación, de modo que grité: "¡YA CÁLLENSE!". Vi el pavor en sus rostros. "¿Acaso no sabéis quién soy, bellacos?", les inquirí. "Noup", respondió lánguidamente el cabecilla de esos malandrines. "Extrae una moneda de tu bolsa y verás mi semblante impreso en ella". Y así actuó el susodicho mendrugo, pero tras contemplar largamente y de forma alternada mi apolíneo gepeto y la efigie en la moneda de un Euro, se atrevió a comentar: "Pues no te pareces en nada".

No había forma de ilustrar este texto, así que...

sábado, 12 de mayo de 2012

Coprofagia y malas pulgas

20:43 horas. Después de un fatigoso día, el Reverendo Weinor se dispone a retornar a su guarida. Fatídicamente, vuestro hermano ha de recurrir a ese demoníaco medio de transporte que es el autobús. Y digo fatídicamente porque en cada viaje tengo la oportunidad de contemplar un espectáculo bochornoso.

En esta ocasión, el autobús estaba ocupado solamente por el conductor, una silente joven, la protagonista del esperpento y vuestro Reverendo Weinor. La protagonista de la lamentable secuencia tendría unos 40 años (las drogas le alargaban la edad aparente), y cuando subió al vehículo, en la siguiente parada éste se detuvo. La sentencia del conductor, “vamos a hacer una pausa”, vino acompañada de un bufido y unas amenazantes palabras de “¿Que qué? ¿De cuánto tiempo?”. “Diez minutos”, respondió el chófer abandonando el autobús. “Jjjoderrr. ¿Diez minutos? Esto es la polla, vaya puta mierda”.


Es Mi Tortura, oh hermanos.