Hermanos, vivimos en medio de veloces y despiadadas máquinas, conocidas comúnmente como vehículos. A doquiera que vayas te hallarás asediado por mastodontes mecánicos pilotados por cabezas de chorlito. No entiendo cómo es posible que no se le haga una prueba psicológica a los futuros conductores antes de otorgarles la pertinente licencia.
Garrulos que se creen los zares del asfalto desconciertan a los moradores de la urbe utilizando sus bocinas continuamente y gritando palabrejas obscenas. A toda esta gentuza impaciente, que ya está acelerando y dando voces cuando el disco rojo del semáforo aún está encendido, debería retirársele el permiso de conducción, pues constituyen un peligro potencial para los ciudadanos.