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sábado, 13 de junio de 2015

Un día cualquiera

Pocos lugares hay en el planeta Tierra en los que me sienta más a gusto que en las librerías. El tiempo se detiene mientras repaso parsimoniosamente pasillos con cientos de volúmenes llenos de sabiduría o esparcimiento a la espera de que alguien los tome en sus manos. El olor a papel, familiar y extrañamente embriagador, lo envuelve todo y me coloca en éxtasis.

Y en ese preciso momento en el que mis pies ya no tocan el suelo es cuando la voz de una palurda me devuelve al suelo con gran dolor: "Mira, Umberto Eco... eco, eco... eco...". En mi interior se produce un horror vacui de furia que me llega hasta las puntas del cabello. "Jajaja, sí, sí, eco, eco", responde otra criatura cuyo cráneo alberga una masa fofa y negruzca. No transcurre ni medio segundo y mi mangual ya se ha estampado en el rostro de la primera bastarda, salpicando a la otra de sangre y porquerías varias.

viernes, 17 de enero de 2014

El problema son los de arriba

En el campo tienen gallos para despertarse por las mañanas; en la ciudad, tenemos vecinos. Después de una larga noche patrullando las calles y luciendo mi capa, esperaba poder dormir un poco. Un deseo tan simple de conceder se frustra en el momento en el que la medicación deja de estar incluida en la seguridad social. La gente es tan rácana que prefiere acuchillar a las abuelas por no pagarse sus pastillas para los trastornos mentales, pero también es tan avariciosa de acumular fármacos aunque no los vaya a consumir si éstos le resultan gratuitos.

Bueno, pues esta mañana, bien temprano, estaba echado sobre mi tálamo cual monarca tras la victoria en el campo de batalla. Poco después de caer en los brazos de Morfeo (maldito violador), un estruendo procedente del techo de mi cámara me hizo dar tal salto que casi me caí de la cama. Una bruja se puso a gritar cual perro al que pisas el rabo por accidente. De su pozo séptico no emergían palabras inteligibles, sino chillidos histéricos tipo "¡¡AAAAAAAH!!" "¡¡WOOOOOOO!!". Llevéme las manos a la testa y contestéle con firmeza "¡CÁLLESE!", mas fue en vano.

sábado, 30 de noviembre de 2013

El Vecino Taladro

En casi todos los edificios de viviendas hay algún artista del bricolaje o maníaco de las herramientas que deleita a sus conciudadanos con los ruidos más perturbadores que ha podido concebir el Diablo. Estas personas tienen además el detalle de escoger las horas más inoportunas para sus faenas.

He de denunciar al hijo de mil hienas del Vecino Taladro por su inaudito 'modus operandi'. El muy desgraciado tiene predilección por un martillo y por un taladro, que utiliza la mayoría de los días de forma furtiva. No es que haya tenido una mañana llena de actividad, sino que a diario se limita a hacer un agujerillo y dar tres martillazos a las 9 y a las 16 horas. ¿Qué obra pretende realizar este ser maligno? Lo desconozco, y al ritmo que va tardará años.

Parece un arma, y lo es.