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sábado, 9 de noviembre de 2013

Ese pequeño instrumento de tortura

El teléfono, inventado por el italiano Antonio Meucci en la segunda mitad del siglo XIX, supuso un avance científico de valor incalculable. El desarrollo de la telefonía móvil desde finales de los años 40 maximizó las posibilidades del aparato. Su popularización en los 90 permitió el contacto inmediato con cualquiera de nuestros conocidos. Pero ha sido en los últimos años cuando el invento se ha desmadrado por completo.

No estaría de más la inclusión de un tratado de educación junto a las instrucciones de uso de los teléfonos móviles. Mucho configurar las aplicaciones más molongas pero poco mantener las formas delante de los demás. ¡Manga de pendejos!

Salvo excepciones, tener un teléfono cerca es dañino.

miércoles, 4 de agosto de 2010

El contestador automático que no jugaba al bridge

Hermanos, hoy dedicaré el sermón a la escoria cuatrera que milita en las filas de las compañías telefónicas. Con el fin de solucionar una duda acerca del magno robo de cierta empresa, cuyo nombre no diré por motivos de confidencialidad (Movistar), me he aventurado a efectuar una llamada a eso que llaman "atención al cliente". Como no podía ser de otra forma, una bellaca con acento sudamericano me ha indicado que esperara unos minutos. Y han sido diez los jodidos minutos que he tenido que esperar. Mientras aguardaba a que me atendieran, una horripilante y repulsiva melodía contaminaba mi teléfono, y de vez en cuando una voz grabada decía "Espere, por favor, estamos muy ocupados" o un embuste similar. El caso es que, tras 600 segundos de espera, me cuelgan. Craso error, cabrones, al reverendo Weinor no lo podéis esquivar como a Hacienda. De modo que he vuelto a llamar, y esta vez incluso la furcia me ha escuchado. Desgraciadamente, su peculiar forma de hablar me resultaba imposible de descifrar. Tras varios intentos de comprender su deformado dialecto me suelta que sólo tenía los documentos de mi factura "hasta el 16 de julio". Maldita puerca, ¿acaso buscas pendencia? Y, para sorpresa de vuestro hermano, ¡me vuelven a poner la música infernal!

viernes, 2 de abril de 2010

Desde mi trono de marfil

Hermanos, aquí el Reverendo Weinor se halla en el lecho de muerte. Bueno, quizá no sea muy exacta esta afirmación. Mejor sería decir que no puedo estar apartado del váter, la taza de té más célebre de todos los tiempos. Al margen de la gastroenteritis que fustiga mis tripas, lo que más me ha turbado en el día de hoy ha sido una furtiva llamada telefónica a las 16:39 horas. Tras sumir mi televisor en un silencio sepulcral (¡con lo interesante que estaba el documental!), contemplo que el número del malhechor que me está llamando es 246, simplemente 246.