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viernes, 12 de octubre de 2012

El osito y la ardillita

Recientemente ha llegado a mis limpias manos un manuscrito atávico que relata una curiosa fábula de increíble interés humano y de valiosa enseñanza moral.




Sin más preámbulo, traslado el contenido de dicho escrito a esta humilde gruta del saber estar:

domingo, 13 de mayo de 2012

Escena VII: Escena eliminada de 'Frasier'

Cuando creéis que el Reverendo Weinor ya no os puede sorprender, justo entonces quedáis maravillados ante el poderío de mi luenga y lustrosa barba. Tras intensas pesquisas ha arribado a mi poder el guión de una escena suprimida de la mejor serie televisiva cómica de todos los tiempos, Frasier. Se trata de una secuencia planeada para la séptima temporada que nunca llegó a rodarse debido a las presiones de los patrocinadores.



La censura nos privó de ver esta breve escena representada, pero he podido conseguir el guión, y traducido viene a ser lo siguiente:

lunes, 1 de agosto de 2011

Escena VI: El batido de plutonio

Un estruendoso y salvaje eructo me abduce de raíz del fantasioso mundo de los sueños. La sinfonía procede de la calle, de modo que me asomo a la ventana para descubrir la identidad del intérprete. A la luz de la pálida Selene, vislumbro a un individuo desvergonzado orinando en la pared del edificio de enfrente. Un segundo regüeldo, éste menos escandaloso, vale decir estertóreo, supone el punto final a la excreción de sus líquidos en la vía pública. Ante semejante ignominia no puedo hacer menos que pensar en arrojarle el cuadro que preside mi habitación, que por cierto no alberga fotografía ni dibujo alguno, sino que está vacío. Desgraciadamente, mi lanzamiento se produce con tan poca técnica que el cuadro se me escurre entre los dedos, cae al suelo y el cristal se hace añicos. Mis pies desnudos pisan los punzantes fragmentos, y no puedo evitar dar pequeños saltos de dolor que dañan aún más mis extremidades inferiores. Para cuando logro salir de ese atolladero, mis delicadas bases no son sino masas sanguinolentas. Intento reparar los daños aplicándome unas curas básicas.

Poco queda para el amanecer, y debido a mi carácter noctívago no puedo evitar salir de mi casa para recorrer la localidad, no sin antes vestirme con mi indumentaria de astrónomo. Las heridas me molestan en gran medida, pero yo marcho con paso decidido, casi furioso, y procuro despejar mi mente del dolor corporal.

martes, 17 de agosto de 2010

Encuentro con Saigo

Helios el fulgente, más conocido por estas tierras como Solete, se empieza a despedir de la chusma que puebla esta región. Mientras tanto, Saigo surca el cielo sobre mi cabeza con su vetusto y tambaleante dirigible. Decididamente, este trasto no ha pasado por la ITV.

domingo, 18 de julio de 2010

Escena V: Walter recibe instrucciones

Hoy me he levantado temprano, ya que el calor me estaba asando como un pardalo muerto en medio de la plaza. En este día debo llevar a cabo una arriesgada empresa, de cuyo resultado dependen las vidas de muchas personas y plantitas. Ayer mismo recibí las instrucciones por vía telepática. Después de comer, un mensaje penetró en mi cerebro, y me apresuré a escribirlo en un papel. Quizá esta revelación no fuera más que los efectos de los espárragos caducados que ingerí, pero de todos modos resolví seguir el plan que un ser superior me había transmitido.

domingo, 9 de mayo de 2010

Escena IV: El Bosque (7.ª parte)

El fuego es atenuado paulatinamente por la lluvia. Nietzsche contempla el fiambre de Pipino en tierra, atravesado por un dardo de gran tamaño. Levanta la vista y contempla a su salvador. El centauro Wilbur le acaba de salvar la vida, gracias a sus excelentes dotes de arquero. A su lado aparecen el Sargento Hartman y el Dr. Lawrence.

lunes, 5 de abril de 2010

Escena IV: El Bosque (6.ª parte)

El centauro Wilbur conduce al Dr. Lawrence y al Sargento Hartman a su morada, una confortable cueva oculta tras la maleza. Por el camino, Hartman va dándole vueltas a cierto asunto.
-Oye, guardabosques...
-¡Guardián de El Bosque, querrás decir! Mi estatus es de los más altos de toda esta compleja fauna.
-Lo que tú digas, truño con plumas. El caso es que me estaba preguntando una cosa... ¿Los caballos te la ponen dura?

domingo, 21 de febrero de 2010

Escena IV: El Bosque (5.ª parte)

Y allí estaba el centauro, engendro monstruoso donde los haya. El Sargento Hartman termina de vaciar la vejiga y se acerca al Dr. Lawrence.
-¿Qué cojones es eso, Patoso?
-Es… un centauro –responde aturdido el científico.
-¡Puta mierda, no me convences! Tienes las gafas tan llenas de roña que no ves ni por el tercer ojo. Fíjate bien, escoria, y te darás cuenta de que es un jodido “charlie”.

martes, 26 de enero de 2010

Escena IV: El Bosque (4.ª parte)

-Ahora es tu turno, bastardo -sentencia, blandiendo su sangrante arma en dirección a Dante.
Los cinco exploradores del inodoro permanecen estupefactos ante el cruel destino que les espera. El enano demente agita su hacha oxidada mientras se afana en recordar algún acertijo. El tremendo esfuerzo mental que está realizando provoca que en su rostro se observen las mismas facciones que cuando tú vas a cagar estando estreñido. Ante tan dantesca (nunca mejor dicho) situación, a Dante Alighieri le tiemblan las piernas.

jueves, 21 de enero de 2010

Escena IV: El Bosque (3.ª parte)

El viento, violento por naturaleza, sacude a los árboles, los gigantes de El Bosque. A sus pies, el Dr. Lawrence, Dante, Bruce Lee, el Sgt. Hartman y Friedrich Nietzsche siguen a Kalur Ubsen, licenciado "post mortem" en Turismo y Jardinería. La compañía lleva caminando unos noventa minutos, y para entonces ya se han formado grupitos. Al frente, el guía bizco y vagabundo Kalur Ubsen; inmediatamente después, Bruce Lee, seguido a corta distancia y con gran desconfianza por el Sargento Hartman; unos metros detrás, el Dr. Lawrence y Dante conversan sobre ciencia, tecnología y béisbol:

jueves, 7 de enero de 2010

Escena IV: El Bosque (2.ª parte)

Una vez efectuadas las presentaciones, Kalur Ubsen reanuda su palique:
-Muy bien, caballeros. Dentro de unos minutos nos adentraremos en uno de los parajes más inhóspitos de la Tierra. Si me obedecéis mis órdenes, si hacéis lo que yo os digo, quizá sobrevivamos todos. Cuando os diga que no os mováis, no os mováis. Cuando os diga que os escondáis, os escondéis. Cuando diga que...

lunes, 4 de enero de 2010

Escena IV: El Bosque (1.ª parte)

Advertencia: la narración que leeréis a continuación está totalmente basada en hechos ficticios. Espero que los personajes que en ella intervienen no me denuncien a la SGAE o a otras asociaciones del Hampa semejantes.

En un pueblecito chiquitito chiquitito de un lugar de por ahí hay una posada. En una de sus mesas, cinco comensales conversan nerviosamente. Ellos son el Sargento Hartman (sí, ése de La Chaqueta Metálica), Friedrich Nietzsche, Bruce Lee, Dante Alighieri y un científico llamado Lawrence.

jueves, 17 de diciembre de 2009

Escena III: El autobús

Advertencia: lo que vais a leer a continuación, hermanos, está desgraciadamente basado en hechos reales. Agradezco a Miku su colaboración para poder contar a todo el mundo esta maravillosa historia. Con el fin de mantener oculta la identidad del desgraciado protagonista de este suceso, procederé a referirme a él como K., siguiendo las técnicas kafkianas de El castillo (realmente esta historia parece extraída de esa novela).

miércoles, 12 de agosto de 2009

Escena II: El bar

Nos encontramos en un local abandonado y ruinoso: un tugurio. Éste es propiedad del barero local de la ciudad, Brío. La pocilga en cuestión cuenta con una mugrienta barra, repleta de vómitos disecados de agradecidos clientes; un karaoke, que por problemas técnicos (está apagado) no funciona, y los usuarios tienen que berrear a gritos; además, cerca de la barra hay una mesa en la que unos parroquianos juegan al dominó. Un poco más allá hay unos cagaderos, pero el hedor que de éstos se desprende es suficiente para mantener a los clientes alejados.

Escena I: Partida de naipes

Están Descartes, Luis XIV de Francia, Napoleón y Petit Suisse jugando a cartas. Le toca repartir a Descartes. No obstante, éste se dedica a lanzar los naipes al suelo, uno por uno.