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viernes, 14 de noviembre de 2014

Lo que el agua trajo

La lluvia, en mi tierra, es todo un acontecimiento. Concede otro rostro al paisaje conocido, abriga el cielo con algodón, y añade reflejos al pavimento. La gente no permanece, ni mucho menos, indiferente a tal cambio. Hay una histeria colectiva por esquivar los charcos y reducir al mínimo tiempo posible la exposición a las gotas de agua, no vaya a ser que se lavaen más de tres veces al año.

En las grandes ciudades, además, se produce un fenómeno bastante desagradable. Las alcantarillas se inundan y las ratas tratan de salir a la superficie para evitar el ahogamiento. Así es como el transporte público se infecta con gentuza del más rebajado jaez. En esas ocasiones es cuando descubres que el Estado no se digna a limpiar detrás de la nevera durante años, y al retirarla se descubre toda la mierda gestada en tan oscuro rincón.

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sábado, 12 de mayo de 2012

Coprofagia y malas pulgas

20:43 horas. Después de un fatigoso día, el Reverendo Weinor se dispone a retornar a su guarida. Fatídicamente, vuestro hermano ha de recurrir a ese demoníaco medio de transporte que es el autobús. Y digo fatídicamente porque en cada viaje tengo la oportunidad de contemplar un espectáculo bochornoso.

En esta ocasión, el autobús estaba ocupado solamente por el conductor, una silente joven, la protagonista del esperpento y vuestro Reverendo Weinor. La protagonista de la lamentable secuencia tendría unos 40 años (las drogas le alargaban la edad aparente), y cuando subió al vehículo, en la siguiente parada éste se detuvo. La sentencia del conductor, “vamos a hacer una pausa”, vino acompañada de un bufido y unas amenazantes palabras de “¿Que qué? ¿De cuánto tiempo?”. “Diez minutos”, respondió el chófer abandonando el autobús. “Jjjoderrr. ¿Diez minutos? Esto es la polla, vaya puta mierda”.


Es Mi Tortura, oh hermanos.

jueves, 22 de abril de 2010

El autobús de la psiqué

Extrañas son las cosas que le suceden a vuestro hermano Weinor. Ayer fue un día de contrastes. Cómo no, en el autobús, que es el vehículo de la plebe, observé varios hechos dignos de mención. El primero, que al señor conductor se le ha ido la pinza y me ha devuelto más dinero del que le he entregado para pagar el billete. Ver como me largaba las monedas de 1 y 2 euros ha sido un gratificante espectáculo. Lo mejor ha sido una inusual sensación de gozo conforme me retiraba con un dinerillo de más.

jueves, 17 de diciembre de 2009

Escena III: El autobús

Advertencia: lo que vais a leer a continuación, hermanos, está desgraciadamente basado en hechos reales. Agradezco a Miku su colaboración para poder contar a todo el mundo esta maravillosa historia. Con el fin de mantener oculta la identidad del desgraciado protagonista de este suceso, procederé a referirme a él como K., siguiendo las técnicas kafkianas de El castillo (realmente esta historia parece extraída de esa novela).