Pocas expresiones concentran tanta pretenciosidad como el "he dicho". Este par de palabras suelen situarse al término de la intervención de un pedante, y nosotros, de verbo conciso y sincero, nos preguntamos cuál es su verdadera utilidad:
a) Fórmula para que los compañeros de conversación despierten del letargo.
b) Fórmula para recalcar la propia autoría de la disertación del señor plasta, no vaya a ser que creamos que acaba de recitar un discurso de algún filósofo olvidado y pretenda atribuírsela.
c) Fórmula para que el parlante pueda declarar al mundo lo insufrible y ridículo que es.
